La educación en igualdad, mi toma de conciencia como mujer guardia civil.

Reto Semanal. Hacer un ejercicio de "introspección" y preguntarnos ¿qué podemos hacer cada una de las personas, desde nuestra posición como empleadas o empleados públicos, para impulsar la igualdad entre mujeres y hombres? 

Vocales del Comité Igualdad de la Guardia Civil. Año 2018

Actualmente el campo es muy amplio. Se puede poner el foco en muchísimas cuestiones que ayudarían de manera clara y directa a dar mayor impulso a la igualdad dentro de las AGE, porque, aunque hemos avanzado en los últimos años y existen recursos legales, éstos mismos recursos aún no están suficientemente implementados como podría pensarse. Una cosa es la teoría y la normativa existente que ampara y engloba todo lo relacionado en materia de igualdad de oportunidades y otra, muy clara, “lo que llega” y “cómo llega” a cada puesto de trabajo, esté donde esté, dentro de la AGE.

El avance es lento y hay situaciones, incidencias tan sensibles como el acoso sexual o por razón de sexo, que aunque sólo haya un caso, ya debe ser considerado como muy grave.

Por esto hoy, quiero poner el foco en la educación, la formación y la sensibilización en materia de igualdad como base fundamental para conseguir nuestro reto: La Igualdad real en todas las esferas de la sociedad y en la AGE en particular.

Y esta formación debe comenzar por cada persona. Debemos ser responsables, ser curiosos y curiosas. Tener inquietud por aprender y formarnos sobre lo que está ocurriendo a nuestro alrededor. Conocer que la igualdad es una cuestión técnica, y por ello requiere formación específica. Educarnos para ser conocedores y conocedoras de la realidad. Ser actores del momento desde el conocimiento, y no meramente espectadores parlantes carentes de una base mínima de preparación.

La consecución de la igualdad es un trabajo de todos, de hombres y de mujeres. Juntos alcanzaremos nuestro objetivo.


La importancia de la formación. – Mi experiencia profesional, 27 años de servicio.

Mi despertar, ese momento en el que te das cuenta de que no estás siendo tratada de igual manera que un hombre y que además es general en el resto de las mujeres en tu propia organización, tuvieran el empleo que tuvieran o la responsabilidad que les hubiera correspondido, ese momento fue, importantísimo.

Ese “ya no hay vuelta atrás”, fue un tortazo a mano abierta.

Nadie se lleve a engaño, esto no pasa de la noche a la mañana. La educación y formación en materia de igualdad me ha ayudado estos años a comprender situaciones, valorar mi propio trabajo, entender cuestiones relevantes y sobre todo, que es muy importante: ser consciente de lo significativo que tiene no sólo cuestionar (y denunciar en su caso) las situaciones anómalas, sino la gran posibilidad que tengo (que tenemos!) de poder contribuir en el día a día para que estas situaciones reprochables bajo las gafas violeta, se den en menor medida, se cambien o modifiquen en lo que se pueda, y vayamos mejorando como organización en concreto, y como sociedad en el plano general.

Trabajo cada día conmigo misma primero mejorando como persona, empoderándome y siendo consciente del valor y posibilidades tan enormes que poseo. Contribuyo haciendo uso de un lenguaje no sexista, tanto hablado como escrito, mejorando en mi entorno más directo normalizando palabras y expresiones para hacer una comunicación diaria más inclusiva. Doy valor a las mujeres y las miro con calor, ternura y busco su bienestar. Cada vez que llegan mujeres guardias civiles nuevas en mi unidad o en unidades cercanas que pueda tener influencia, me ofrezco para ayudarlas en todo lo que pueda desde mi posición como mando, no sólo en el plano profesional, principalmente en el personal. Lo hago con cariño y que sepan que no es meramente un ofrecimiento vacío. Esto es importantísimo, facilitar a las guardias civiles recién llegadas el calor necesario. Somos sólo un 7,62%, si no hacemos algo tan básico entre nosotras, está claro que no hemos aprendido nada.

De ahí la importancia de que cada persona individualmente tiene una responsabilidad, y comienza inequívocamente en la necesidad de formarse y educarse en igualdad. La sensibilización en esta materia es importantísima y acercarse a estos cursos es fundamental. La AGE tiene una gran responsabilidad porque debe proveernos de estos recursos a través de la formación y enseñanza. 

Bien decíamos durante el curso que la AGE es referente para que otras organizaciones y empresas sigan el camino y la senda, y en todo lo relacionado con la igualdad, mucho más.

Ingresé en la Guardia Civil en el año 1993 sin antecedentes familiares por lo que no conocía la Institución por dentro. Mi vocación era total. Desde mi ingreso actué con una lealtad inquebrantable y con amor a mi trabajo.

Estaba donde quería estar.

Entendía que era un trabajo de hombres y con 19 años, feliz por ser guardia civil, mi pensamiento siempre fue, me han dejado entrar, hago lo que se espera de mí: trabajar como un hombre, comportarme como un hombre, no usaba maquillaje, no arreglaba la uniformidad que me había sido entregada pese que estaba diseñada para los hombres, me relacionaba con ellos como un compañero, asumía un rol que en aquellos momentos pensé era lo que me correspondía. Mi error (eso evidentemente lo he visto después) es que ellos a mí no me veían como un hombre: ellos veían una mujer. Y ellos, veían bien.

Quiero hacer mención a varias situaciones vividas en esos primeros años que me parece interesante contarlas para llevarles a la realidad que yo he vivido.

Era mi primer año de guardia civil en prácticas (1994) y estaba de limpieza de vehículos oficiales, en el patio del cuartel. Siendo tan formal como soy, ahora recordando aquel momento (jamás lo he olvidado), estaría dejando los vehículos impecables en la medida que se pudiera, cuando salió el guardia civil que estaba de servicio de puertas y me dijo: “Oye, si me limpias mi coche y me lo dejas así de bien te echo 3 polvos sin sacarla”. […] Había otro compañero de paisano que estaba en el patio que le rió la gracia. Sin espectadores ya se sabe que la broma no mola tanto. […] Yo me quedé callada, no fui capaz de decir absolutamente nada. Quiero indicar que ambos guardias civiles habían ingresado un año antes que yo.

Nunca más recibí en mis 27 años de carrera expresión tan soez e injusta.

Otro comentario que me hicieron mis compañeros en varias ocasiones los primeros años en la Guardia Civil, con cierta condescendencia, además te lo decían convencidos de que era lo que debían decirte, fue que ingresando yo, "le estaba quitando un puesto de trabajo a un hombre”. Y esto lo oí creo que durante los primeros seis o siete años desde mi ingreso en varias ocasiones.

Hay más situaciones similares, debo confesar que sí, y cada una de ellas las fui normalizando, asumiendo como parte de mi trabajo, era el “precio por estar ahí”. Al fin y al cabo, esos comentarios o situaciones no me iban a echar para atrás ni amedrentar. Seguía clara en mis ideas. Pero (lamentablemente) tampoco hacía nada para acallar esto. Se oía la noticia de alguna compañera que había tenido algún problema “por ser mujer” y rápidamente pensaba que eso a mí no me pasaría, claro…

¡Qué equivocada estaba!

Durante los quince primeros años en la Guardia Civil he de confesarles que he pasado por diferentes etapas para “adaptarme” a la gran oportunidad que “me habían dado” de poder ser lo que siempre había querido ser.

No recuerdo exactamente en qué orden, pero emocionalmente he pasado por las siguientes fases como mujer:

Cuando los compañeros hablaban mal de las mujeres o hacían comentarios o chistes negativos hacia nosotras, me quedaba callada, no decía nada, pero sentía que mis tripas lo sufrían (esta la recuerdo como la primera fase con 19/20 años).

Luego pasé la fase de enfadarme, ponerme brava, decirles esto o lo otro, explicarles, intentar en serio hacerles cambiar de opinión y que vieran el valor de las mujeres. Era agotador.

Cansada de esto pasé a la fase de oírles hablar, comentar esas cosas y “dejarles” … que me entrara por un oído y me saliera por el otro. Esta vez no se me ponía tan mal cuerpo, ya aquí mi veteranía iba en aumento y reconocía el escaso valor que debía dar no sólo al comentario sino a la persona que lo vomitaba hacia mí, por mi propio bienestar mental.

Un día cansada de ver que querían “picarte”, respondí con un chiste de similares características a los suyos (peyorativo hacia las mujeres), y ahí observé que me empezaron a dejar en paz, ya no tenía que aguantar tantas bobadas. Y empecé a utilizar ese recurso en mis sucesivos destinos. No sé si era porque ya no les resultaba gracioso que la mujer a la que “picaban” no se enfadara, o que comprobaban entonces, con mi reacción, que realmente “eras una de ellos”, pero debo confesar que lo hice para mayor tranquilidad emocional y de mi entorno laboral. Me dio una falsa sensación de seguridad y confort en la que me sentía integrada, difuminada en la masa masculina.

Quiero hacer valer, esto es importantísimo que lo exprese, que no todos los compañeros con los que he tenido el placer de trabajar han tenido esa actitud conmigo, esto es principal. Fueron los menos, pocos, pero tienen que entender que hablo de un contexto de quince años, donde hubo siete destinos diferentes en Aragón, Cataluña y Canarias. Y, siempre que hablo de compañeros en esta entrada, me refiero a guardias civiles de mi empleo en aquellos entonces.

Curiosamente hay cierta particularidad que se dio en cada caso y que es bueno que yo haga visible aquí. Todos esos comentarios, chistes negativos, palabras con poco aprecio llegaron de hombres de edades que giraban en torno a la mía.

Los “temibles” guardias civiles de cierta edad y veteranía, con bigote, barbuquejo, mirada al frente y rectitud sin límite, que se imaginan, han tenido conmigo el respeto que cualquier persona merece. Y estoy segura de que para ellos fue mucho más impactante trabajar con nosotras en aquellos primeros años. Supieron dentro de sus recursos, gestionarlo de mejor manera.

Otro hecho que recuerdo es que a las mujeres guardias civiles que estábamos en la misma unidad no nos dejaban trabajar juntas. Estaba prohibido. Era como el personal de prácticas actualmente en la Guardia Civil, con la salvedad que nosotras estábamos de prácticas eternamente.

Un día, siendo ya suboficial, ascendí en el año 2009, comencé a “ver”. (Creo que mi “despertar” ya habría comenzado). Vi que las cosas que a mí me pasaban tampoco les pasaban a otros compañeros suboficiales.

Y un hecho llevo a otros y continué mi “despertar” observando la realidad, encajando que existe desigualdad en la Institución que yo tanto amo. Que yo misma la estaba viviendo sólo por el simple hecho de ser mujer.

No me creo, ni me voy a creer, tras 27 años en la Guardia Civil que ninguna mujer benemérita diga a estas alturas que ella no ha tenido ningún tipo de discriminación. Porque esto no es sólo cuestión únicamente de ella, es evidente. Entra en juego las personas con la que trabajes y cómo te vean ellas y cuánto de sensibles y empáticas sean con las mujeres. Sobre todo, si ha sido madre dentro del Cuerpo, o ha solicitado vacantes de libre designación o una misión en el extranjero. Yo también durante mis quince primeros años decía que a mí siempre se me había tratado correctamente siendo mujer, y ahí están mis microrrelatos anteriores.

No podemos conocer por qué pasa, no sabemos los motivos oficiales por los que las mujeres no somos merecedoras de una recompensa en comparación con los hombres en igualdad de condiciones en la Guardia Civil. No podemos conocer por qué las mujeres tenemos de media la calificación de los informes de valoración profesional más baja que los hombres. Por qué las mujeres somos menos aptas que los hombres cuando concursamos a vacantes de libre designación. No lo sabemos, pero en mayor o menor medida lo sufrimos. Todas, seas o no consciente de ello. Y ahí está la clave estar preparada para “ver”, estar sensibilizado para…

Esto, y mucho más, insisto, no lo podemos controlar las mujeres al 100 x 100 para decir abiertamente: no he sufrido discriminación alguna en el Cuerpo, básicamente porque en la Guarda Civil no hay destinos burbuja. Tienes que interrelacionarte con compañeros en tu día a día y los comentarios sibilinos, chistes, alusiones poco favorables, los micro machismos, se dan en la Institución en la misma proporción que en el resto de la sociedad.  

Es bueno que diga que mi amor por el Cuerpo hubo momentos que tuvo horas bajas, pero al final siempre he concluido que este o aquel hecho no es la Guardia Civil, sino una, dos o tres personas. La Guardia Civil es un conjunto de buenas personas y muy trabajadoras donde se camuflan algunos acomplejados, misóginos e incompetentes. Como en otras organizaciones comparables.

Y desde hace unos años que voy siendo cada vez más consciente de la necesidad de cambios, y la posibilidad que tengo de proponerlos e introducirlos de cara a la Institución, he sido aún más consciente de la prioridad que tiene la formación al personal en materia de igualdad como herramienta clave para mejorar.

Introducir cambios en un entorno donde se está sensibilizado y se tienen los conocimientos técnicos básicos en la materia, el trabajo a desarrollar es muchísimo más ágil, se implementará en menor tiempo y la organización la asumirá realmente como una necesidad. Que considero que es la situación donde el Cuerpo se encuentra actualmente, demandando una necesidad de mejoras y cambios en materia de igualdad materializados en el I Plan de Igualdad en la Guardia Civil*.

Y, continuando con mi reflexión sobre qué podemos hacer nosotros como empleados y empleadas públicas para impulsar la igualdad entre mujeres y hombres, les animo a que sientan la necesidad de educarse, de formarse en igualdad, de aprender qué es esto que está pasando en relación a los sexos, la igualdad, qué está sucediendo a nuestro alrededor. Que se cuestionen este movimiento, pero que lo hagan desde una perspectiva educacional, desde el conocimiento, la formación, la sensibilización.

Aprenderán que es necesario y prioritario que los hombres y las mujeres unidos y en la misma onda será lo que nos haga avanzar para llegar a una sociedad más justa e igualitaria. Que no es una cuestión de derechas o izquierdas, de arribas o abajos, de saltar o bailar que te puedan, o no, gustar. Se logrará con personas conscientes de la realidad. ¿Te animas?


*Enlace web Guardia Civil noticia publicación Plan de Igualdad.  https://www.guardiacivil.es/es/prensa/noticias/7052.html

Comentarios

  1. Me ha encantado tu reflexión, estoy completamente de acuerdo y me parece q tu actitud es muy valiente y conciliadora dando prioridad a q hombres y mujeres unidos produzcan el cambio

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    1. Fátima, si no trabajamos juntos, mujeres y hombres, nada tendrá sentido. La igualdad llegará si todos nos involucramos. Antes, sin esta premisa, no se producirá.

      Así de simple y así de complicado.

      Gracias por tus palabras.

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